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CUADERNOS DE LA COMUNA

MEDIO ORIENTE NO ESTÁ AL ORIENTE

Una mirada desde el Caribe colombiano a una región contada casi siempre desde Europa y Estados Unidos.

Por Alki 16 de agosto de 2026
Medio Oriente no está al Oriente

Tal vez nunca te hayas preguntado por qué esta región del mundo se llama Medio Oriente. Si eres como yo, es muy probable que tampoco lo hubieras hecho. No por desinterés, sino porque rara vez cuestionamos los nombres con los que aprendemos a entender el mundo. Los aceptamos como si fueran verdades inmutables.

Pero el nombre Medio Oriente no describe una realidad geográfica; describe una perspectiva histórica. Surgió desde la mirada de las potencias europeas, especialmente del mundo angloparlante, para nombrar una región que quedaba entre el Cercano Oriente —los territorios más próximos a Europa— y el Lejano Oriente, representado por China, Japón y el resto de Asia oriental [1].

Era el "oriente" visto desde Londres, París o Berlín. En otras palabras, el Medio Oriente no está "al oriente" para todos; está al oriente de Europa [2].

Por ello, algunos geógrafos y diversas publicaciones académicas prefieren utilizar expresiones como Asia Occidental o Sudoeste Asiático, ya que describen la ubicación de la región sin tomar a Europa como punto de referencia y se apartan de una visión geográfica heredada de la perspectiva colonial. [3].

El debate no es solo semántico: los nombres también revelan quién mira el mapa y desde dónde lo hace [4].

Desde nuestra orilla caribeña

Esta perspectiva geográfica distante contrasta de manera profunda cuando miramos el mapa desde nuestra propia orilla caribeña. Mirar hacia Asia Occidental desde Barranquilla no es observar un territorio abstracto o ajeno, sino mirar directamente hacia el espejo de nuestra propia identidad.

Nuestra ciudad, desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, abrió sus puertos y sus brazos a miles de migrantes provenientes de Palestina, Líbano y Siria —entonces bajo dominación otomana o en profundos procesos de reconfiguración nacional— que huían de la crisis, la persecución y la guerra [5].

Aquellos hombres y mujeres no llegaron como extranjeros distantes, sino que participaron activamente en el desarrollo comercial y urbano de Barranquilla [6].

Sembraron comercio y vida en el Paseo Bolívar, integraron ingredientes ancestrales a nuestra gastronomía —el quibbe, el arroz con almendras, la berenjena— y tejieron una red de afectos que hoy hace imposible separar lo local de lo levantino [7].

Familias enteras encontraron en las brisas del río Magdalena y del mar Caribe un segundo hogar [8].

Por esta razón, cuando los conflictos armados estallan en aquellas tierras, el dolor no se observa con la fría indiferencia de un noticiero internacional. Se siente como una bofetada en el pecho, un recordatorio doloroso de que en cada apellido que resuena trágicamente en las noticias hay un abuelo, un tío o un amigo que alguna vez cruzó el océano atlántico buscando un refugio de paz [9].

La geopolítica también llega al bolsillo

Ese vínculo indeleble entre el Caribe y el mundo levantino adquiere hoy una dimensión económica tan compleja como dolorosa, pues la tragedia contemporánea de Asia Occidental ya no viaja únicamente en la memoria y el afecto de los migrantes, sino que navega a través de los corredores logísticos globales, impactando de manera directa el bolsillo del barranquillero de a pie.

Las tensiones geopolíticas, el genocidio perpetuado por Israel, la confrontación abierta entre Estados Unidos e Irán, sumada a la escalada en el mar Rojo, el canal de Suez y el golfo Pérsico han trastornado por completo la cadena de suministro internacional [10].

Cuando los buques portacontenedores se ven obligados a evitar las rutas tradicionales del Mediterráneo y a rodear todo el continente africano por el Cabo de Buena Esperanza para eludir misiles y bloqueos derivados de estas hostilidades, los tiempos de navegación se disparan entre 10 y 14 días adicionales por trayecto, elevando los costos operativos de manera drástica [11].

En términos financieros, esta disrupción provocó que el costo promedio spot de un contenedor de 40 pies en rutas Asia-Europa y hacia el Caribe registrara alzas superiores al 150% en los momentos más críticos de la crisis, impulsando los fletes globales desde rangos cercanos a los 1,500 dólares hasta picos que superaron los 4,000 o 5,000 dólares por unidad [12].

Para un puerto estratégico como el de Barranquilla, que depende profundamente de las importaciones de materias primas e insumos, esta presión asfixiante sobre los fletes portuarios se traslada de inmediato a los costos de importación, desatando una cadena inflacionaria que golpea sin piedad la economía urbana [13].

De la guerra lejana a la mesa

La consecuencia más tangible de esta tormenta geopolítica se refleja directamente en la canasta familiar y en el plato de comida de cada hogar.

La distancia entre un conflicto bélico a miles de kilómetros y el costo de un mercado diario en un barrio popular de Barranquilla como Rebolo, El Bosque o Las Malvinas es mucho más corta de lo que aparenta [14].

Los fertilizantes nitrogenados y la urea, altamente dependientes de las cadenas energéticas y petroquímicas de potencias en disputa como Irán y sus vecinos en Asia Occidental, sufrieron incrementos en sus precios internacionales de hasta un 30% en los periodos de mayor escalada del conflicto, impactando directamente los costos de producción agrícola en Colombia [15].

A esto se suma que los precios internacionales del trigo experimentaron alzas estimadas entre el 15% y el 20% debido a la congestión portuaria y a los desvíos de rutas marítimas, encareciendo de manera directa derivados de consumo masivo como el pan y las harinas [16].

Al dispararse el costo del transporte y de los insumos, cada bulto de abono y cada tonelada de grano llega más caro al país, elevando el valor de los alimentos en las góndolas de los supermercados y tiendas de barrio [17].

El impuesto invisible

Lo verdaderamente crítico de esta dinámica es su profunda asimetría estructural.

Por un lado, resulta desgarrador atestiguar la destrucción sistemática de comunidades en Asia Occidental —pueblos hermanos, palestinos, libaneses y árabes en general, cuya cultura está soldada al ADN cultural del Caribe colombiano—, convertidos en trágicos peones de intereses geopolíticos ajenos a su bienestar [18].

Por otro lado, en Barranquilla, el ciudadano común —el taxista que recorre incansablemente la Vía 40, la madre cabeza de hogar que rebusca el sustento diario en el suroccidente, el tendero que lucha contra el gota a gota y las asfixiantes tarifas de energía— paga incuestionablemente las consecuencias de una guerra lejana que no declaró y que no comprende del todo, pero cuyos estragos económicos absorbe íntegramente en el costo de la vida cotidiana [19].

Como bien se advierte en el pulso diario de nuestras calles, la geopolítica global no es una abstracción de despachos diplomáticos; es un impuesto invisible que se cobra cada mañana en la caja registradora de las tiendas de barrio de nuestra ciudad [20].

Los fletes portuarios caros, la devaluación del poder adquisitivo y el encarecimiento de los alimentos básicos demuestran que vivimos en un mundo hiperconectado donde el dolor ajeno y la inestabilidad de los mercados internacionales terminan vaciando la mesa del trabajador caribeño [21].

Referencias

  1. Centro de Estudios Históricos del Medio Oriente. (2024). Perspectivas eurocéntricas en la cartografía global y la invención del "Medio Oriente". Editorial Universidad del Norte.
  2. Said, E. W. (2008). Orientalismo. Debolsillo.
  3. Organización de las Naciones Unidas [ONU]. (2023). Geographical regions and composition of groups: Standard country or area codes for statistical use. Departamento de Asuntos Económicos y Sociales.
  4. Leimgruber, W. (2001). Between global and local: Marginality and region in the 21st century. Ashgate.
  5. Bell Lemus, R. (Ed.). (2018). Caribe soy: Cultura, migración e identidad en el Caribe colombiano. Ediciones Uninorte.
  6. Posada Carbó, E. (1996). The Colombian Caribbean: A regional history, 1870-1950. Oxford University Press.
  7. Viloria De la Hoz, J. (2009). Los libaneses en el Caribe colombiano: Migración, ruta y aportes económicos y culturales. Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, 114, 1-45.
  8. Solano D'Lima, S., & Flórez Bolívar, A. (2018). Inmigración sirio-libanesa y dinámicas comerciales en Barranquilla a principios del siglo XX. Memorias: Revista Digital de Arqueología e Historia desde el Caribe, 35, 60-88.
  9. Centro de Memoria y Paz de Barranquilla. (2024). Memorias compartidas: Lazos históricos entre el Caribe y el Levante. Alcaldía de Barranquilla.
  10. Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo [UNCTAD]. (2024). Navigating crisis: Maritime transport in the context of geopolitical tensions in the Red Sea. UN.
  11. International Chamber of Shipping [ICS]. (2024). Annual shipping review: Supply chain disruptions and Cape of Good Hope rerouting impacts. ICS Publications.
  12. Drewry Maritime Research. (2025). World Container Index: Annual review of spot freight rate fluctuations and port congestions. Drewry.
  13. Cormagdalena & Sociedad Portuaria Regional de Barranquilla. (2025). Informe de competitividad logística y sobrecostos en el comercio exterior del Caribe colombiano. Puerto de Barranquilla.
  14. DANE. (2025). Boletín técnico: Índice de Precios al Consumidor (IPC) y su impacto en las ciudades de la región Caribe. Departamento Administrativo Nacional de Estadística.
  15. Banco Mundial. (2025). Commodity Markets Outlook: Fertilizer price trends and geopolitical shocks in the Middle East. World Bank Group.
  16. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO]. (2025). Food Outlook: Biannual report on global food markets, grain prices and supply chain vulnerabilities. FAO.
  17. Sociedad de Agricultores de Colombia [SAC]. (2025). Costos de producción agrícola y crisis logística global: Un análisis de coyuntura. SAC Ediciones.
  18. Pappé, I. (2017). The modern Middle East. Routledge.
  19. Fals Borda, O. (2002). Historia doble de la Costa. Universidad Nacional de Colombia.
  20. Centro de Estudios Económicos Regionales [CEER]. (2025). Costo de vida y vulnerabilidad socioeconómica en los sectores populares de Barranquilla. Banco de la República.
  21. Banco de la República. (2025). Informe de inflación y transmisión de choques externos a la canasta familiar en Colombia. BanRep.